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Leyenda de Wars y Sawa

Existen varias leyendas sobre estos dos personajes y aunque el nombre de la capital es de origen incierto, hay una cosa segura: Wars y Sawa sí habitaron las orillas del bello Vístula. La historia de la aldea que se convertiría en lo que hoy es la capital de Polonia es un relato sobre el espíritu hospitalario y el buen corazón de sus gentes.
Conozcamos dos versiones de esta leyenda.

Un día de los muchos que en la historia hay el rey Casimiro I el Restaurador cabalgaba con su séquito desde Gniezno camino de Cracovia. Hambriento el monarca, guiado por el aroma a humo y alimentos, fue a parar a una humilde aldea de pescadores. Agasajáronle al rey con el pescado recién capturado los anfitriones. Preguntados por el rey por la tribulación que les afligía hablole el pescador del nacimiento de dos criaturas, maravillosos mellizos, que por no haber templo en aquellas tierras, no habían recibido bautizo.
Terminada la cena, el monarca ofreció en recompensa monedas de oro por tan rico manjar, pero el buen hombre declinó el ofrecimiento ya que no era costumbre ni uso aceptar paga por el hospedaje. Obstinado en recompensarle el recibimiento, el rey prometió mandar hacer el bautizo solicitando le fuera concedido el honor de ser el padrino de los pequeños.

E hizo construir un altar en lo alto de la colina y allí fueron bautizados los niños, recibiendo por nombre Wars el varón y Sawa la muchacha. Anunció el monarca al concluir la ceremonia que por lo que a la corona había hecho el pescador, a partir de aquel momento, dejaría de llamarse Pietrko el Pescador e impúsole el nombre de Piotr Warsz, pescador de la corte, padre de Wars y Sawa y dueño de los extensos bosques que rodeaban su morada. Y cuando la aldea creciese y prosperase, le daría por nombre Warszawa, el de su linaje y que así sería por los siglos.

Cuenta otra versión de la leyenda que en los tiempos de antaño a orillas del Vístula había una minúscula casita en la que vivía un pescador, Wars, con su esposa Sawa. Cierto día salió a cazar en los alrededores el príncipe Ziemomysł, señor y dueño de aquellos terrenos. En el curso de la cacería el príncipe se extravió. Vagando estuvo por los bosques largo tiempo hasta que dio con la casita de los esposos. Recibieron al desconocido Wars y Sawa con entrañable hospitalidad sin saber quién era. A la mañana siguiente, agradecido el príncipe, así les dijo: – No dudasteis en recibir y agasajar al desconocido, dándole cobijo ante el frío, el hambre y ante bestias salvajes. Que estas tierras de Wars os pertenezcan para siempre para que el bien que me habéis hecho con otro bien sea pagado.

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