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Leyenda del Oso de Piedra

Wisła, fot. Jakub Badełek, archiwum Zarządu Mienia m.st. Warszawy

Érase una vez un viejo apicultor apodado Sędzimir. Vivía en un bosque de los muchos que hay en Masovia con su señora esposa, su hija Milena y su hijo Gniewko. Un día durante una de las rondas que acostumbraba a hacer por el bosque prendió, con las manos en la masa, a un ladrón de mieles y lo llevó ante la justicia.
El ladrón, cumplida la condena, se vengó cruelmente del apicultor, poniéndole fuego a su morada. Lanzose el viejo apicultor a socorrer a su familia salvando a todos menos a sí mismo: malherido, murió a los pocos días. Murió también en breve su esposa de la pena que le había dado el trance de su marido, dejando huérfanos a los niños.
Milena, siempre solícita y cariñosa, se hizo cargo de su hermano. Gniewko, sin embargo, era un niño travieso y vivaracho, no había quien pudiese con él. Para mayor desgracia, era una criatura fuerte y crecida para su edad. Un día, cuando Milena estaba haciendo gestiones en la ciudad, derribó la pesada puerta de madera de roble y se dio a la fuga al cercano bosque. Anduvo y anduvo, pero no pudo hallar el camino de vuelta. Cansado de tanto merodear se tendió en el suelo y cerró los ojos, dormido.

Niedźwiedzie, fot. Anna Witkowska

Quiso la suerte que se durmiese en una osera. A la sazón la guarida estaba habitada por una osa con sus crías que, sin saber por qué, se hizo cargo del pequeño humano.
Pasaron cinco años. A los bosques de Masovia partió a la caza el príncipe Janusz I con su esposa Danuta. Los sabuesos pronto descubrieron la osera y cuando los arqueros reales a punta de flecha tenían a la osa para darle muerte, ahí saltó un niño, que se interpuso entre la osa y los arqueros para evitar la carga. La princesa Danuta, conmovida que estaba, quiso llevar al pequeñín a la corte, pero este se opuso y cedió solo cuando bajo palabra de honor prometiole que a la osa no le harían daño alguno.

Zamek Ujazdowski, fot. Filip Kwiatkowski

Con los años, en la corte Gniewko fue haciéndose cada vez mayor. La princesa lo trataba como si del legítimo hijo suyo se tratase. Aprendió los usos y las costumbres cortesanas, convirtiéndose en un galán de complexión recia y excelentes modales. Era un buen hombre, respetado por los burgaleses y caballeros, y amado por las doncellas, que suspiraban por su gallardía.
Mientras tanto Milena se puso a vivir en casa de una hechicera, conocedora del arte de la herbología, curandería y magia. La ayudaba y fue aprendiendo de ella las artes de su oficio. Habiendo alcanzado la edad adulta se casó y se mudó para establecer su morada en la Nueva Varsovia, ayudando de buen grado a gentes y animales que lo necesitaran. Jamás, sin embargo, se olvidó de su hermano buscándolo por doquier y en todo momento. Pero nadie sabía de él.

ulica Świętojańska, fot. Zbigniew Panów, pzstudio.pl

Un día, de paseo por Varsovia, Gniewko vio a una hermosa doncella, hija de un orfebre, llamada Jadwiga. Se enamoró de ella perdidamente soñando con tenerla por esposa. Pero era tímido, muy tímido. Durante meses mantuvo su amor en secreto, sin poder comer ni dormir, y sin dejar de pensar en Jadwiga. Medio año había transcurrido, cuando el joven, por fin, decidió declararle su amor, no sin antes ir a la iglesia para buscar inspiración y concebir un plan de cómo hacerlo.
Al llegar a la iglesia vio que se oficiaba una boda. A su término salieron los novios de la iglesia y… vio Gniewko que la novia, la recién casada, era su anhelada Jadwiga.

Kamienny niedźwiedź przed Sanktuarium Matki Bożej Łaskawej, fot. Tomasz Nowak

El mundo se acabó. Desesperado, se postró de rodillas y el corazón se le partió en dos de la pena que llevaba. Los congregados se lanzaron a su rescate, pero era tarde. Entre la muchedumbre estaba Milena. La chica reconoció en el infeliz a su hermano al que tanto había buscado. Se arrodilló a su lado implorándole que no se muriera, pero todo fue en vano. Milena vio cómo el alma abandonaba el cuerpo y entendió que solo un hechizo podría detenerla. Y pronunció el conjuro:
– No te morirás, en piedra te vas a convertir. Y este mi hechizo desecho será por obra de la que te ame con el amor honesto y verdadero. Y encontrarás la felicidad. Dicho esto, el joven se convirtió en un oso de piedra.

Hoy podrás ver su figura delante del Santuario de Nuestra Señora de Gracia de la calle Świętojańska 10. Allí sigue a la espera de un amor que deshaga el encanto…

Ver más:
Pomnik Syrenki, fot. Tomasz Nowak
Panorama Warszawy, fot. m.st. Warszawa
Barbakan, fot. Filip Kwiatkowski
Zamek Królewski, fot. Iwona Gmyrek

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